El tendón de Aquiles: Tendinopatía

La afectación del tendón de Aquiles en forma de tendinopatia, puede alcanzar hasta el 30-50% de todas las lesiones deportivas.

Aunque generalmente se la denomina tendinitis, la tendinopatia de Aquiles la mayor parte de las veces es un proceso degenerativo, no inflamatorio, de ahí que hablemos de tendinopatia y no de tendinitis. La mayoría de los casos requiere un tratamiento conservador, un 29% de ellos pueden precisar cirugía.

El tendón de Aquiles es el tendón más voluminoso y fuerte del cuerpo humano, con una longitud entre 12 a 15 cm. Histológicamente diferenciamos una zona intratendinosa compuesto fundamentalmente de fibras de colágeno tipo I alineadas en sentido longitudinal, y células que son fibroblastos, tenocitos, condrocitos y otras estirpes celulares en menor cuantía; y una zona peritendinosa con vasos sanguíneos y nervios que lo rodean formando una red longitudinal. En esta zona existen fibroblastos que producen colágeno, fibronectina y factores de crecimiento.

La lesión se produce por concentración de cargas mecánicas que generan pequeñas roturas microscópicas, con una reparación defectuosa, que produce una alteración degenerativa de la estructura tendinosa, NO inflamatoria que condiciona menor resistencia al ejercicio físico con mayor incremento del daño al volver a realizar ejercicio.

En la clínica se distinguen tres fases: Fase I, el dolor se inicia en la fase de recuperación postejercicio, fase II el dolor comienza antes y después del ejercicio, y fase III, con dolor todo el tiempo. En la exploración, el dato más válido es el dolor a la palpación. Como pruebas complementarias para el diagnóstico se puede usar la ecografía y eco Doppler, junto con la resonancia magnética.

En el tratamiento es muy importante favorecer la vascularización peritendinosa y los fenómenos de reparación de las fibras tendinosas dañadas. Se pueden utilizar diferentes técnicas, algunas con alto nivel de evidencia científica y otras no tanto, por eso el amplio abanico de terapias: PRP (plasma rico en plaquetas), EPI (electrolisis percutánea intratisular), electroacupuntura, ondas de choque, electroterapia, etc. Se ha demostrado que la infiltración de corticoides está contraindicada y se recomienda evitar la inyección de forma intratendinosa.

La indicación de la cirugía sería en caso de rotura tendinosa completa o en fallo del tratamiento conservador después de 12 semanas de tratamiento. Recientemente se usa la tenolisis de Alfredson y como muy novedoso, un inhibidor de un factor de crecimiento especifico que aumenta de manera anormal la vascularización intratendinosa.

Nunca debemos confundir un proceso de fase aguda, con inflamación, por tanto, una tendinitis, con un proceso de base degenerativa, SIN inflamación, llamado tendinopatia o tendinosis que no responderá al tratamiento con antiinflamatorios.

Dr. José Antonio Rodas Pereira, Médico especialista en Deporte